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Traductor binario: convierte texto a binario, hexadecimal o decimal
Escribe un texto y mira exactamente qué bytes hay detrás, o pega binario, hexadecimal o decimal y recupera el texto original.
Qué es un traductor binario
Un traductor binario convierte texto normal en la secuencia de unos y ceros que ese texto ocupa por dentro, y también hace el camino inverso: de esos bytes de vuelta al texto legible. Esta herramienta hace ambas cosas en la misma pantalla, sin instalar nada y sin que el texto salga nunca de tu navegador.
La parte que casi nadie explica es que el mismo carácter puede representarse con distintos bytes según la codificación que se use, así que «convertir a binario» sin más es una frase incompleta. Aquí la conversión pasa siempre por UTF-8, la codificación que usan las páginas web, los archivos de texto modernos y prácticamente todo lo que escribes hoy, y la herramienta lo deja a la vista en vez de darlo por hecho.
Cómo se usa
- Elige el modo: Texto a binario si partes de una frase, o Binario a texto si ya tienes una tira de bytes y quieres leerla.
- Selecciona la base numérica: Binario, Hexadecimal o Decimal. Al codificar puedes activar Separar los bytes con espacios; en decimal el separador es obligatorio y la casilla queda fija, porque ahí sí hace falta.
- Escribe o pega el contenido en la caja de la izquierda: el resultado aparece al momento en la caja de solo lectura de la derecha, listo para copiar con un clic; en modo Texto a binario, debajo se abre la tabla con el desglose byte a byte.
La cuestión de la codificación
La pregunta que la mayoría de traductores binarios evita es «binario de qué». Un texto no es binario hasta que alguien elige una codificación, y esa elección cambia la respuesta: la A mayúscula es 01000001, un solo byte, pero la é ya son dos, 11000011 10101001. El emoji del pulgar arriba ocupa cuatro bytes (11110000 10011111 10010001 10001101), y la bandera de Brasil, formada por dos puntos de código, llega a ocho. El símbolo del euro se queda en tres.
Para los 128 puntos de código por debajo de 128, UTF-8 coincide byte a byte con ASCII; se comprobó uno por uno, los 128, y no hay ni una excepción. Ese solapamiento es justo lo que permite que tantas herramientas nunca mencionen la codificación: mientras solo escribas letras sin tilde y algún signo básico, cualquier tabla ASCII de los años setenta te da el resultado correcto y nadie nota que falta una pieza.
Para quien escribe en español el límite llega enseguida: la Ñ y cualquier vocal acentuada ya superan ese rango y pasan a ocupar dos bytes cada una. Y un carácter tampoco es una unidad fiable dentro de JavaScript: el pulgar arriba es un solo carácter para quien lee, cuatro bytes en UTF-8, y el propio .length del lenguaje devuelve 2, porque cuenta unidades de otro tipo. Por eso la tabla de desglose existe: para que quede a la vista, byte a byte, en vez de asumirlo.
Tres bases, y cómo se resuelve la ambigüedad al leer binario
«Hi» es 01001000 01101001 en binario, 48 69 en hexadecimal y 72 105 en decimal: la misma pareja de bytes, tres formas de escribirla. Binario y hexadecimal tienen ancho fijo, ocho dígitos y dos respectivamente, así que pueden ir pegados sin espacios si lo prefieres. El decimal no: sus valores no tienen una longitud constante, así que una tira sin separar como 72105 no se puede leer de una sola forma, y por eso ahí el espacio queda obligatorio.
Al decodificar, la herramienta es flexible donde puede serlo y estricta donde no. Si los grupos ya vienen separados, cada uno se rellena por la izquierda hasta completar el byte, así que 1000001 1000010 se lee sin problema como AB. Pero una tira suelta de 7 bits sin separadores se rechaza en lugar de adivinarla: 1000001 podría ser una A codificada en 7 bits o un byte al que le falta un dígito, y elegir una interpretación en silencio es exactamente cómo una herramienta corrompe datos sin que nadie se entere.
Por eso hay cuatro mensajes de error distintos y no uno genérico: un dígito que no pertenece a la base elegida, un grupo con la longitud equivocada, un valor por encima de 255 que ningún byte puede representar, y una secuencia de bytes que no forma texto UTF-8 válido. La ida y vuelta se comprobó con 14 muestras por las tres bases y los dos ajustes de separador —emojis, árabe, japonés, tabulaciones y saltos de línea incluidos— y todas volvieron exactas. Dicho esto, los límites son igual de honestos: esto convierte texto, no archivos, así que no vas a sacar un PNG en binario ni convertir binario de vuelta en un archivo ejecutable; y aquí «binario» son solo los valores de los bytes detrás del texto, no el código máquina de un procesador ni una forma de ocultar nada, porque cualquiera puede pasarlo de vuelta en un segundo.
Por qué es gratis
Porque toda la conversión ocurre en tu navegador con JavaScript normal: no hace falta un servidor que procese el texto, así que no hay coste marginal que cobrarte ni motivo para pedirte una cuenta.
Sin registro, sin marca de agua en el resultado y sin una versión de pago escondida detrás de un límite artificial. Al recargar la página las cajas quedan vacías, porque tampoco se guarda nada: ni en un servidor que no existe, ni en tu propio navegador.