También disponible en: English · Português · Français · العربية
Convertir JSON a CSV
Pega tu JSON y obtén una tabla CSV, con claves anidadas aplanadas, arrays conservados como JSON y fórmulas de hoja de cálculo neutralizadas por defecto.
¿Qué es un convertidor de JSON a CSV?
Convertir JSON a CSV consiste en tomar un array de objetos y aplanarlo en una tabla de filas y columnas: pegas el JSON, esta herramienta lo analiza, decide qué columnas hacen falta y escribe el CSV correspondiente, todo dentro de tu navegador sin que el archivo se suba a ningún sitio. El delimitador de salida se elige con el mismo selector que en la conversión inversa —coma, punto y coma, tabulador o barra vertical—, útil porque un CSV pensado para abrirse en una hoja de cálculo europea suele necesitar punto y coma en vez de coma.
La casilla de aplanar objetos anidados viene activada, y convierte una estructura con un objeto dentro de otro en columnas con nombres separados por puntos en vez de dejar el objeto sin tocar. La casilla de neutralizar fórmulas también viene activada por defecto, y la siguiente sección explica por qué conviene dejarla así. El selector de fin de línea deja elegir entre LF y CRLF, porque el sistema que va a abrir el CSV después importa. Tras la conversión, la herramienta informa de cuántas filas y columnas ha escrito, y de cuántos valores ha neutralizado.
Cómo se usa
- Pega tu JSON Copia el array de objetos que quieres convertir y pégalo en el panel de arriba; la herramienta calcula las columnas a partir de las claves que encuentra.
- Ajusta el aplanado y la seguridad Decide si los objetos anidados se aplanan en columnas con puntos y deja activada la casilla que neutraliza fórmulas, salvo que tengas un motivo concreto para desactivarla.
- Elige el delimitador y copia el CSV Selecciona coma, punto y coma, tabulador o barra vertical según dónde vaya a abrirse el archivo, y pulsa Copiar para llevar el resultado al portapapeles.
Qué hay que decidir al convertir JSON en una tabla
Convertir una lista de objetos JSON en una tabla obliga a decidir algo que el propio JSON no dice: cuáles son las columnas. Esta herramienta las calcula como la unión de las claves de todos los registros, en el orden en que van apareciendo, así que un campo que solo existe en el registro 40 de 200 sigue generando su columna y no se pierde silenciosamente porque los primeros registros no la tuvieran. Si a un registro le falta un campo que sí tienen otros, la celda correspondiente queda en blanco en lugar de desplazar el resto de la fila, que es el error clásico de las conversiones ingenuas.
Los objetos anidados se aplanan con claves separadas por puntos, porque una tabla no tiene un concepto nativo de objeto dentro de una celda. Los arrays y los objetos que no se aplanan, en cambio, se escriben tal cual como JSON dentro de la celda: no es la solución más legible a simple vista, pero no pierde información y se puede volver a analizar en el otro extremo, lo cual sí es reversible. En cuanto a las comillas, la herramienta entrecomilla un valor solo cuando hace falta —cuando contiene el delimitador elegido, una comilla o un salto de línea— y duplica cualquier comilla interna, siguiendo la misma convención que describe el RFC 4180.
La inyección de fórmulas en hojas de cálculo es un riesgo real, no teórico: una celda cuyo valor empieza por igual, más, menos o arroba se ejecuta como fórmula en cuanto Excel o Google Sheets abre el archivo. Si esos datos vienen de un formulario que rellenó otra persona —un nombre, un comentario, cualquier campo de texto libre—, eso equivale a ejecución de código en el equipo de quien abra la hoja. La casilla correspondiente antepone un apóstrofo a esos valores para desactivarlos, viene activada por defecto, y la herramienta cuenta cuántos valores ha cambiado para que sepas si tus datos de origen tenían alguno. Se puede desactivar si de verdad quieres el valor exacto sin modificar.
Limitaciones honestas
Un CSV no puede representar dos situaciones muy concretas, y las dos se han comprobado directamente: una fila vacía al final de la tabla es indistinguible de un simple salto de línea final, y una vez escrito a disco, un campo vacío no se puede distinguir con seguridad de una cadena vacía entrecomillada. Por eso convertir JSON a CSV y volver a convertir ese CSV a JSON no siempre reproduce exactamente el documento original.
Tampoco existe una respuesta correcta cuando el entrecomillado queda mal formado, algo relevante si alguna vez revisas a mano el CSV que ha generado esta herramienta. El RFC 4180 no dice qué hacer cuando una comilla cierra un campo a la mitad, y los lectores existentes no coinciden entre sí: se ha comprobado que el lector de CSV a JSON de este mismo sitio y Papa Parse devuelven un número distinto de campos ante ese caso.
Esta herramienta controla lo que escribe en el archivo, no lo que la hoja de cálculo hace después al abrirlo: Excel, Google Sheets o cualquier otro programa puede seguir reinterpretando ceros a la izquierda, fechas o números largos como le parezca, y eso ocurre cuando el trabajo de esta página ya ha terminado.
¿Por qué es gratis?
Esta herramienta es gratis por el mismo motivo que la de CSV a JSON: todo el aplanado y la generación del CSV ocurren en el navegador, en el dispositivo de quien la usa, sin que el JSON pase por ningún servidor. No hace falta crear una cuenta, no hay marca de agua en el resultado y no hay un límite de filas pensado para empujarte a una versión de pago. Y como no hay subida de por medio, un volcado de base de datos o la respuesta de una API con datos de clientes se queda en tu máquina de principio a fin.